En esta segunda parte de La era de los cinco Trudy Canavan se consuma, ante mis ojos, como la perfecta maestra de la miga. Sin duda a conseguido que me enfade porque realmente tengo muchas ganas de continuar leyéndola, conocer el desenlace y experimentar otra vez la completa sensación de impotencia, confianza y devoción ciega que sienten y transmiten los personajes.